Ver crecer a mis hijos dentro del colegio ha sido algo verdaderamente mágico. Lo comparo con el aleteo de una mariposa, porque no sé en qué momento crecieron. Dicen que el tiempo pasa rápido, sobre todo cuando se vive bien, y así ha sido: los años que mis hijos han pasado en el Cumbres se nos fueron volando, casi sin darnos cuenta.
La mayor parte de la infancia se vive dentro del colegio, y me llena de tranquilidad y gratitud saber que ese tiempo tan importante lo pasaron aquí. Es en la infancia donde se consolida el carácter, y en el Cumbres han acompañado la formación de mis hijos de manera integral, cuidando cada dimensión de la persona.
En lo académico, aunque cada hijo es distinto, todos han ido alcanzando logros que los hacen sentirse felices y orgullosos. Algunos incluso me han sorprendido profundamente: cuando mi hija mayor alcanzó el nivel de inglés C1 en sexto de primaria; cuando mi hijo comenzó a interesarse por la historia y de pronto lo vi buscando programas sobre el Antiguo Egipto; lo bonito que lee la más pequeña; o el entusiasmo que le despierta la clase de Science al mayor. Cada niño va descubriendo y fortaleciendo sus propias habilidades.
En lo deportivo, me encanta la motivación que brinda el colegio, haciendo del deporte una parte natural de su vida. No solo como competencia, sino como un camino hacia una vida activa, sana y equilibrada.
En lo religioso, es quizá donde más me han impresionado. Han logrado sembrar en cada uno de mis hijos un amor verdadero por Jesús. Los cuatro viven su fe con autenticidad. Tal vez aún no entienden todo o no se saben todas las oraciones, pero han puesto a Dios en su corazón de una forma profunda. Como mamá, entiendes la importancia de que tengan una guía, un mástil al cual sujetarse cuando sienten miedo y tú no estás ahí para ayudar. Eso se los ha dado la escuela.
Lo veo en detalles pequeños, pero muy significativos: cuando su abuela estuvo enferma y los vi rezando el rosario; cuando el más pequeño se lleva su cruz en los vuelos y la besa para sentirse protegido; incluso cuando la lleva a los partidos de fútbol para pedir que ganen. Son gestos sencillos que me confirman que lasemilla ya está sembrada en ellos, fuerte y viva. Y eso me da una paz inmensa, porque sé que nunca se sentirán solos.
En lo social, el colegio también ha sido clave. No solo por las familias que forman parte de la comunidad, sino por la manera en la que logra unirlas yconvertirlas en una verdadera “familia Cumbres”. A través de convivencias, actividades deportivas, apostolados, el Torneo de las Familias, el TDLA y muchas otras experiencias compartidas, se crean lazos reales. Estas vivencias han permitido que mis hijos tengan amigos verdaderos, con quienes comparten dentro y fuera de la escuela y a quienes conocen en muchas facetas de la vida.
En resumen, todo comenzó en Kinder y hoy ya estamos en Secundaria. En el camino hemos ganado fe, conocimiento, habilidades deportivas, amigos, familia… y lo más bonito es que casi no nos dimos cuenta de cuándo pasó.
Hay un refrán que dice: “Dime con quién andas y te diré quién eres”.
Yo ando con Cumbres.
Yo soy Cumbres.
Erica Caiña Hurtado
Mamá Cumbres
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